martes, 17 de septiembre de 2013

Pequeño

Cumplió sus sueños, tenía todo lo que había deseado y tendría lo que quisiera, había probado todo, había disfrutado todo, no estaba solo, no tenía problemas, al menos no grandes, el mundo era suyo, y en ese momento se dio cuenta cuan pequeño era. Todo el mundo estaba a sus pies, era poderoso. Sin embargo, no se sentía lleno, se sintió pequeño.

En ese momento se dio cuenta que había algo más, debía haber algo más, algo más allá de este mundo, y que eso era lo único que podía llenarlo, se dio cuenta de que este mundo no era su destino final, su destino estaba más allá, se sintió pequeño, era pequeño.

No importaba cuanto consiguiera tener disfrutar, cuantos momentos, situaciones, personas, no era suficiente. Fue más allá, a esas cosas que dicen que te sacan de este mundo, pero no, volvía a caer a este planeta, debía haber algo más, algo grande, él era pequeño.

Lo hay, está allí, está aquí. No fue creado para esto, hay algo más, decidió vivir para eso, no para este mundo, sino para el mundo después del mundo, la vida después de la vida, el verdadero mundo, la verdadera vida, lo entendió. Siguió siendo igual de pequeño pero conoció aquello que es grande, entendió porque él es pequeño.  

domingo, 8 de septiembre de 2013

Distinto

Tiene el perfil que buscamos. A pesar de que tiene nula experiencia, confiamos en que será un trabajador eficiente. Estamos contentos de haber podido llegar a un acuerdo. Nos vemos el lunes entonces. Casi lo olvido, córtese ese pelo, es un tema de cuidado de la imagen, políticas de la compañía. Miró al hombre de traje frente a él apretó los dientes.

Se miró al espejo, amaba su cabello. Hacía años que deseaba salir del colegio para poder llevarlo como él quería, y ahora esto, en su primer trabajo. ¡No! Estaba cansado, cansado de que esta sociedad controlara su vida, de que le dijeran cómo debía vestirse, actuar, hablar y llevar su cabello. Era hora de revelarse.

Decidió que sería único, auténtico, que iría contra la corriente, no dejaría que se metieran en su cabeza para decirle que hacer.

Hizo nuevos amigos, amigos que pensaban como él. Le enseñaron a ser único, a ser distinto, a ir en contra de la corriente. Le dijeron que música debía escuchar, odiaba esa música, pero es la que ellos escuchaban. Le dijeron como debía vestirse, que ropa más incómoda, pero se veía como ellos. Comenzó a hablar como ellos, a decir lo que ellos decían. Hasta que llegó el día en que cortó su pelo y comenzó a peinarse como ellos. Ellos lo aceptaron, ahora se veía igual a ellos, ahora era feliz, nadie se metía en su mente, nadie le decía que hacer.

Se miró al espejo, ¿quién estaba frente a él?, no se reconoció, ya no era él, eran sus amigos, eran ellos en él, sonrió, había logrado revelarse contra la sociedad, era único, diferente, autentico. 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

La Tragedia

Salió rápidamente. Iba atrasado, pero no más de lo usual. Sabía que alcanzaría a llegar antes que advirtieran su atraso. Hacía frío, más frío del que esperaba, sin embargo no había tiempo para volver a buscar un abrigo. Una espesa neblina cubría la parte alta de los edificios, en su mayoría antiguos, que se extendían a ambos lados de la calle.

En la esquina el semáforo cambió a rojo y se detuvo mientras veía pasar los autos a gran velocidad. Mientras esperaba allí, parado con las manos en los bolsillos, una anciano de cabello canoso, largo y enmarañado, una tupida aunque no muy larga barba y unos profundos ojos negros se le acercó. El viejo sacó las manos de su abrigo que parecía tener tantos o más años que él y le pidió una moneda, para un pan, dijo. Miró al viejo, sus profundos ojos, realzados por el aspecto cansado de su cara, le miraban expectantes, suplicantes. Apretó en su bolsillo las monedas que llevaba, justo lo necesario para un cigarro suelto en el almacén al otro lado de la calle. El semáforo lo salvó, ignoró al viejo y cruzó rápidamente disminuyendo la velocidad sólo al entrar al pequeño almacén.

Apenas salió encendió por fin su cigarrillo, algo interrumpió la paz que estaba comenzando a sentir ya con el cigarro en su boca. Miró a su alrededor y vio ese algo, y lo escuchó. Una mujer gritaba, era joven y bastante atractiva, tenía el cabello castaño que caía sobre una chaqueta de cuero blanca, una tez clara y lisa, y unos hermosos ojos verdes que se posaron en él con una expresión inconfundible, esa expresión que es una mezcla de miedo y desesperación, dolor e impotencia, mientras el hombre a su lado  seguía golpeándola y gritándole. Desvió la mirada un segundo, cuando volvió a mirar, aquellos ojos verdes seguían clavados en él, gritaban, rogaban, mientras la escena lejos de terminar parecía estar recién comenzando. Se puso sus audífonos y siguió su camino.

Apuró el paso. En la siguiente cuadra había una serie de estrechos callejones, lugar favorito de ladrones y asaltantes que los utilizaban como escondite para asechar a los transeúntes que pasaban despreocupados y absortos en sus meditaciones. Justamente en uno de estos callejones, el que estaba justo a la mitad de la cuadra, vio al joven que se aferraba con todas sus fuerzas a su mochila, mientras el ladrón levantaba en alto el amenazante cuchillo, el joven le miró y supo que no estaba dispuesto a entregar lo que era suyo, lo vio en sus ojos, no se rendiría, no se entregaría a la injusticia, iba a luchar aunque sabía que no tenía posibilidad de ganar. El ladrón también lo miró, recién ahí se dio cuenta de que se había detenido y recordó que iba atrasado, eso y el temor le hicieron retomar la marcha. Caminó rápido, pero no tan rápido como para no escuchar el grito ahogado que salió del callejón y los pasos que se alejaban a toda carrera. Echó una maldición, se le había caído el cigarro con el apuro.

En la esquina, otro semáforo en rojo, se detuvo, pero no así un perro que le acompañaba hace un par de metros. No pudo reprimir un grito ante la inminente tragedia, el conductor del camión sólo advirtió la presencia del perro cuando sintió el golpe, pero él lo vio todo, un nudo apretó su garganta mientras veía al camión alejarse, ¡Insensible! La gente se sobresaltó con su exclamación. Avanzó hacia el cadáver del perro sin importarle los bocinazos, ignorando el peligro de los autos que pasaban a sólo centímetros suyo, lo levantó y lo sacó de la calle, lo observó mientras una lagrima corría por su mejilla y sus dientes se apretaban por el odio a todos aquellos que pasaron sin conmoverse por la tragedia.  

lunes, 2 de septiembre de 2013

El despertador




Sonó el despertador, despertó. No abrió los ojos, ya sabía lo que vería, el techo blanco de su habitación, la lámpara inútil hasta que él llegara al interruptor, las luces de la calle que entran por entre las cortinas esperando que la salida del sol les dé un descanso, su esposa durmiendo a su lado. Lo mismo que ve cada mañana al despertar y cada noche antes de caer rendido al insuficiente descanso de sus noches. No se levantó. No lo retenía el cansancio del día anterior, ni tampoco la incertidumbre del día de mañana, sino el saber que empezaba otro día, el mismo día, ayer, mañana, otra vez, lo mismo.

Otro día de hacer lo que debe hacer, lo que no quiere hacer, lo que ya hizo ayer y hará mañana. ¿Qué hacer? ¿Cómo salir? Otro día de actuar como debe actuar, mentir, fingir, ser correcto.

Odió su vida. Trabajar y luchar, nunca ganar. Un millón de sueños rotos, miles de proyectos sin terminar. La sociedad, lo que me rodea no me deja ser feliz, me atrapa en sus cadenas y no me deja obtener lo que quiero. Toda su vida subiendo la montaña, y cada vez que pensaba que llegaría a la cima aparecía una más alta detrás. Una vida mediocre, luchar a fin de mes y no poder darse un lujo, no importa cuánto consiga tener, nunca parece ser suficiente.

El despertador lo trajo a la realidad igual que ayer y el día anterior, le sacó de la vida que el amaba, la que estaba en sus sueños, la que no era real, en la que era otra persona, y lo tenía todo.


Aun no abrió los ojos, pensó en su infancia, aquellos días tranquilos en lo que no habían preocupaciones, no habían responsabilidades, no había que cumplir. Pensó en lo genuino que era y lo falso que es ahora. Pensó en aquellas amistades desinteresadas y en quienes le rodean hoy. Pensó en las cuentas que debía pagar, eran las mismas que debía pagar antes de ir a dormir, aquellas que desaparecieron durante la noche vuelven a aparecer. ¡Estúpido despertador!


Abrió los ojos y un grito de terror salió de su garganta, no vio el techo blanco de su habitación, la lámpara inútil, ni las luces de la calle, no estaba su esposa a su lado. Se levantó y corrió a mirar por la ventana, el mar más azul que había visto se desplegaba ante sus ojos y una playa paradisiaca se extendía desde las paredes mismas de la casa. Salió de la habitación y se encontró con un balcón interior en el que se veían dos puertas más y que daba a una sala de estar inmensa, comenzó a recorrer la casa, la cocina equipada de manera que sólo había visto en programas de televisión, un amplio comedor, encontró una sala de cine y un garaje con tres autos deportivos y una moto, en el patio trasero una piscina y una hermosa terraza. Sin embargo algo le llamó la atención, no había ninguna foto en toda la casa, no pudo encontrar ninguno de sus contactos en su celular, se sintió sólo, completamente sólo. 


Pasaron los días en esta vida soñada, tenía todo lo que alguna vez había deseado, ya no había que trabajar, no habían obligaciones, no había más esfuerzo. Pero se sintió vacío, el tener todo lo que había deseado terminó siendo menos satisfactorio que luchar por conseguirlo. Luego de un par de meses comenzó a enloquecer, ya no sabía en qué gastar sus días, no había visto a un ser humano en todo este tiempo. Pasaba el día sentado mirando el mar y deseando su vida anterior, el tener que luchar, a la gente que lo rodea, su vida, él mismo. ¿Quién era ahora? No era él. Él eran sus luchas, sus proyectos, su trabajo, su esfuerzo, sus momentos de decepción y en los que se levantaba del suelo para seguir luchando. La vida no era vida ahora, él no era él.


No pudo más. Decidió acabar con el sufrimiento, entró en el mar y comenzó a nadar. La playa quedó muy atrás, demasiado atrás, pronto no sería capaz de volver, pero eso era lo que él deseaba. Siguió nadando hasta que el primer calambre atacó la parte trasera de su pierna, comenzó a desesperarse. Sin embargo en un momento dejó de luchar, se hundió, dejó que sus pulmones se comenzaran a llenar de agua sus latidos comenzaron a disminuir, un último instinto de supervivencia se apoderó de él e intentó por un segundo subir a la superficie, inútil, todo comenzó a oscurecerse y odió el día en que su sueño se hizo realidad.

Sonó el despertador, abrió los ojos, vio el techo blanco de su habitación, la lámpara, inútil hasta que él llegara al interruptor, las luces de la calle que entran por entre las cortinas esperando que la salida del sol les dé un descanso, su esposa durmiendo a su lado, y comenzó a reír, luego a llorar, luego ambas cosas se juntaron en una escena tragicómica que su esposa, despertada por el ruido de su marido, observaba sin comprender. No dio explicaciones, no las había. Sin embargo su esposa vio en él un cambio, hizo lo mismo que hacía siempre, lo diferente era él, el como hacía lo que debía hacer, el cómo luchaba e incluso el cómo fracasaba. La vida siguió siendo la misma, él decidió disfrutar cada día, vivir cada día, y no vivir de forma mecánica. Tomó la decisión de dejar de desear otra vida, y comenzar a vivir la suya.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Soy un Hombre


Soy un hombre, soy tú, soy yo. Soy todos, no soy nadie. Somos.

Nací, vivo y ciertamente moriré, pero ahora vivo. ¿Qué es vivir? ¿Es un constante esperar la llegada de la muerte? Reír, llorar; Estudiar, trabajar, disfrutar; mentir, buscar, fracasar, luchar. Intentar ser mejor que el de al lado, correr a su lado buscando llegar antes, luchar por tener más, por ser feliz, vivir preocupado por el mañana sin darse cuenta que mañana es el único día que nunca llega. Vivir. "Esperamos luz y he aquí tinieblas; resplandores y andamos en oscuridad. Palpamos la pared como ciegos, y andamos a tientas como sin ojos; tropezamos a mediodía como de noche, estamos en oscuros lugares como muertos. Gruñimos como  osos todos nosotros, y gemimos lastimosamente como palomas; esperamos justicia y no la hay, salvación y se alejó de nosotros." Vivimos.

Vacío. Cada noche cierro mis ojos al vacío sin fin que jamás lograré llenar. La noche se cierra sobre mí y el miedo me paraliza, mi conciencia no se tranquiliza, la incertidumbre no me deja, el silencio se convierte en mi enemigo, me sofoca, me ahoga. Camino sin rumbo por el mundo, no hay una razón, hay que vivir. Vivir hasta morir, esperando que ese momento nunca llegue sabiendo que llegará; hoy, mañana, ayer; llegará, llegó, seguirá llegando.

Rutina. El vacío y la soledad repitiéndose día a día en un ciclo al que no se le ve salida. La misma preocupación, el mismo dolor de ayer ahora, después. La vida corre en un sinfín de actividades que se repiten añadiendo monotonía a la lista. Momentos de alegría que nos llevan a un estado de felicidad irreal, nos elevan para luego dejarnos caer en la realidad de la vida. Rutina. Sin embargo, buscamos esos momentos, cortos instantes en que olvidamos los problemas, para luego acabar y despertar a la misma sensación de ahogo y desesperanza de antes. Rutina. Eso llamado "amor" que como comienza termina, la amistad que los intereses llevan a la traición, los bienes que buscamos para luego perder y volver a comenzar la búsqueda. Rutina.

Dijo conocer la vida, ser la vida, se mostró como la solución a mi vacío interior, la luz para la oscuridad de mi vida, un propósito, una razón para vivir, no más temor a morir. Tomé su mano, ¿Qué más podía hacer? Él me la extendió. Tomé su mano con fuerza y comencé a clavarla en una cruz, me reí de Él, lo golpeé y lo vi morir lentamente. No me juzgues, a fin de cuentas yo soy tú, somos todos. No se resistió, me miró a los ojos y vi perdón, no pude sostener la mirada y clavé una lanza en su costado. Murió.

La "vida" siguió, hasta que el día llegó. El Hombre al que clavé en la cruz volvió. Volvió a ofrecerme la vida, volvió a decir que era la salida, me ofreció el perdón, me mostró el amor. Recordé el martillo en mi mano y en su cara el dolor y no entendí, ¿Por qué seguía ofreciéndome la vida? No lo merecía, le había puesto en una cruz, le había causado todo el dolor posible sabiendo que no era lo que merecía, eso lo merecía yo, yo soy el mentiroso, ladrón, envidioso, orgulloso, codicioso, no terminaría nunca de enumerar lo que soy y Él no fue, Él no es. Hasta que recordé sus ojos mirándome desde esa cruz, y me di cuenta que Él eligió morir, elegí vivir, acepté el perdón y comencé a vivir, ya no temo al mañana, ahora vivo. Soy un hombre, soy yo, decidí ¿y tú?

Conocí  lo que era la vida y me di cuenta que antes estaba muerto, decidí vivir, y cada momento de mi vida recordar que estoy vivo y fallé, muchas veces, muchos días volví a vivir como un muerto, pero Él me perdona, me da otra oportunidad y sigo vivo. Hay un propósito, hay una razón, hay vida. La felicidad está  y no solo pasa de forma fugaz. Veo, entiendo, vivo. Los problemas vienen, igual que antes, pero no estoy solo. La noche llega pero no el vacío, no tengo miedo, está conmigo. La muerte viene, vendrá, que venga, hay esperanza, se que no es el final, sólo mi camino a casa, llegaré a casa, viviré. Ya no es mi condenación sino mi pasaje a la redención, para mí es vida, el camino a mi destino, a donde pertenezco, dejar de ser un extranjero en este mundo que no es capaz de satisfacer lo que realmente necesito. Miro a mi alrededor y veo muertos viviendo su vida, lo que creen que es vida, lo que yo creía. Muertos. ¡Despierta! Que puedas respirar no significa que estés vivo. ¡Levántate! ¡Es hora de que decidas vivir! ¡Conoce la vida! ¡Vive! Si ya vives, no elijas vivir como un muerto, vive. Fuimos creados para algo más grande que ser vivos que prefieren caminar como muertos. Vive.

Soy un hombre, Él es Jesús y decidí comenzar a vivir, estoy vivo. ¿Tú?